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:: De montruos :: Variación 27.

Durante demasiado tiempo su momento de verdadera felicidad del día era aquel en que se daba cuenta de que al fin conseguiría conciliar el sueño. Si en algo se parecía esto al deseo de no seguir viviendo, él prefería ni tan siquiera mirar a esta especie de contra-instinto a la cara. Pero el dolor, ¡Ay el dolor! nubla la mente… Y se sorprendió sintiendo miedo de sí mismo porque ya no podía ni pensar con la mínima claridad que la vida le exigía.

Dejó que su voz interior lo inundase todo, en lugar de acallarle desde el verdadero y profundo yo; permitió que aquella voz infantil, caprichosa, derrotista, herida y autocompasiva tomase la personalidad de su “yo” pero aquella voz sólo era si acaso el charlatán reflejo de sus miedos, frustraciones, sus “no puedo”, su dolor y sus cicatrices… Era su Montruo disfrazado de esencia.

Un día el Montruo le abrazó tan tan fuerte y él se sintio tan tan a gusto en sus brazos que al fin fue capaz de pedir ayuda.

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Ciega

A contratiempo, siempre a contratiempo…

podría prometer ahora mismo que nunca más me dejaré llevar por el miedo

pero estaría mintiendo…
En ese tiempito que a veces pierdo temiendo
vuelvo a cambiar de pie…
y a contratiempo, de nuevo a contratiempo…
y así, con la sensación a cuestas de haber perdido el tiempo
de haber perdido el tren
de no saber subirme al carro
y de tantas manidas metáforas que el tiempo nos revela
y no perdona, va corriendo…
-El tiempo no es real- me digo a veces,
¡Qué más da! si le hago existir cada vez que miro para atrás
Si sólo de pensarle ya le traigo
Si sólo de nombrarle ya le invoco…

No me importa tropezar,

he cogído cariño hasta a los nudos

he tenido de todos las formas y colores

resiliencia es también ahora mi nombre…
Pero es este sentimiento el que me ahoga
el de haberme declarado conscientemente ciega
cerrada ante los dones que la vida me entregaba…
Me provoca una ansiedad cual si de pronto
me quedase también sorda y sin garganta.

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Mi corazón entero

Pasa sin llamar, no estés tan lejos…

¿no ves que ya no hay puertas, ni ventanas y se está cayendo el techo?

Aun tengo las paredes llenitas de agujeros

Pero no te quedes parado en el umbral,

ven a tumbarte a mí lado y junto al fuego…

Estos altillos que ves los he levantado nuevos…

Fue un poquito queriendo y otro poco sin querer

que así está ahora mi corazón, entero.

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La zona ciega.

Mientras se preguntaba cuál era la razón por el que él había tomado distancia, mientras se culpaba y buscaba en sí misma los motivos de lo que ella sentía como un rechazo para luego pensar que él se comportaba injustamente y como un ser inmaduro y entrar así en un bucle de incomprensión, dolor, prejuicio , autocompasión y autocastigo … buscaba una excusa para rechazar la invitación a cenar de otra persona con las mismas artes que habían utilizado antes con ella.

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Pasar página

Qué bonito es pasar página; aunque ojalá el acto metafórico fuese tan poco trabajoso como el sencillo gesto de hojear un libro. La pregunta es: cuál es el significado real de pasar página en la vida si el olvido, afortunadamente, no existe.

Supongo que tiene algo que ver con integrar en tu vida los pasos dados, los errores cometidos y las pérdidas sufridas como una parte necesaria de ti, pero a veces con eso no basta… Hay un lugar para las emociones y una conciencia para los sentimientos y el trabajo de alfarero con la propia vida interior es harto jodido. Y es jodido sobretodo cuando uno no toma consciencia de la magnitud de su libertad, de sus inmensas posibilidades para caminar en una u otra dirección, cuando te conviertes en un espectador, en un prisionero, cuando crees que “no puedes”, que “no sabes”, que “no es para ti”. Y es jodido también cuando no se sabe gestionar el dolor, o cuando no se sabe aceptar que el dolor también es necesario.

Qué bonito sería pasar página.

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El color de tu ausencia

Pienso en ti antes de dormir, por los buenos recuerdos y porque me gustaría verte en sueños. Hay cosas que han cambiado de color. El otro día entraba en la ciudad en coche al volver de trabajar y pude ver el cielo teñido de negro. Era como si lo hubiesen salpicado con acuarelas. Sobre algunos lugares las manchas eran más densas. Sobre nuestros rincones todo era más negro, como lluvia de plomo, como el café sobre un libro … Tu ausencia se materializó en mi mente en forma de pintura superponiéndose a la realidad. Ojalá pudiera dibujar lo que ví para transformar el dolor pero a cambio guardo la imagen en mi mente… no importa, creo que es un lugar seguro. Cuando pienso en tí no miro al cielo, miro mi pecho… es donde estás cuando te pienso.

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Significándote.

Una vez me enamoré fugazmente de Roberto, un pintor argentino con un atípico gusto por el silencio. Fue después de nuestro encuentro fortuito en este mundo y de convencernos ambos de que era casi cosa de los astros. Qué lindo era creer. Y volvimos a creer al encontrarnos por casualidad dos años después de habernos conocido.

Con Él su nombre cambió de significado; incluso su significante en los mapas de mi mente. No me gustaba antes pero con Él adoptó forma de hombre, de hombre alto, a veces con sombrero y otras veces de sport. Roberto antes era sombra, grises, asfalto, humo, sueño y niebla;  y luego de Él, Roberto fue una sensación de fuerza con sombrero y paso largo.

Cuando estaba en la cama pensando en Él, Roberto era cuerpo excelso de brazos infinitos  y abrazo caluroso. Cuando cocinaba, Roberto era rostro sonrosado y mirada sonriente.  Esa palabra… había cambiado. ¿Cómo era posible ésto si nunca dejó de tener las mismas letras? Se pronuncia  igual pero su resonancia es ya distinta. ¿Cómo puede ser? ¿Qué parte de mis entrañas alberga la carga que lo hace diferente ahora?